Desde pequeña me lo he preguntado. Si la ciencia ha avanzado tanto como para hacer medicamentos que controlen los síntomas del resfriado, las alergias, antibióticos, y demás, ¿cómo es que no son capaces de conseguir que no sepan a mierda?
¿Hay algo mas asqueroso que la Couldina? No lo creo. Otros medicamentos con sabor repugnante son el Ardine Bronquial (no sé para qué me lo daban de niña, si lo vomitaba en seguida de lo asqueroso que estaba), el Clamoxil (me sabe a clipper de fresa, cosa que aborrezco) o el Frenadol (ascazo extremo).
Nunca he entendido por qué, si se molestan en sintetizar o aislar principios activos super-rebuscados, qué les costará aderezarlos con sabor a lima-limón, a fruta, o algo así. Pero no, el científico se dice: "debe saber a mierda, si no, no vale" (y no quiero tirar piedras sobre mi propio tejado, ya que me dedico a la ciencia, pero es que manda huevos....).
Además, luego se quejan de que los niños no se quieren tomar las medicinas. Coño, normal. Medicamentos con sabor a mierda y supositorios por el culo. ¡Es que es inhumano, joder!
Sin embargo, nuestros días de sufrimiento tienen los días contados. Por fín, alguien de Bayer ha debido darse cuenta de la enorme ventaja que supondría hacer medicamentos que al consumirlos no provoquen el vómito.
Hoy, una amiga farmacéutica me ha dado una aspirina granulada que se toma sin agua y es como pica-pica con sabor a coca-cola. En serio, me he quedado flipando. Exquisita. Nada de forzar la gargante para poder tragar un pastillón, ni de tomar la efervescente ésa que da arcadas. Incluso me dió pena que no fuera un tubo tan largo como las de los pica-pica de toda la vida.
Damas y caballeros, hoy se ha abierto una puerta hacia una nueva era en la que los medicamentos no sólo no sabrán a mierda, sino que estarán buenos.
Demos gracias.
















